Alana Moceri
Fecha de creación
3 agosto, 2012
¿Está Romney en el punto de mira de la ira femenina?

Fuera de Estados Unidos puede que las elecciones de 1992 sean sobre todo recordadas por la
victoria de Bill Clinton, pero ese año electoral también es recordado como «El año de la mujer».
Muchas se sintieron estimuladas por el testimonio de Anita Hill sobre Clarence Thomas ante
una Comisión sobre Asuntos Judiciales del Senado compuesta íntegramente por hombres. Las
consecuencias se reflejaron en la adición de cuatro mujeres más al Senado, situando el total en
seis, una cifra sin precedentes. Mi Estado natal de California se convirtió en el primero en ser
representado en el Senado por dos mujeres -Barbara Boxer y Dianne Feinstein- y, como joven
feminista y reciente graduada en ciencias políticas por UCLA, me sentí eufórica.
20 años después, y pese a los logros de Hillary Clinton y Nancy Pelosi, estamos todavía lejos
de conseguir la paridad de género en el Senado (con un total de 17 mujeres entre sus 100
miembros) y la Cámara de Representantes (76 de 450 miembros). De hecho, la Inter-
Parliamentary Union ha colocado a Estados Unidos en el puesto 79 del mundo este año en la
clasificación de representación femenina en los órganos legislativos nacionales.
Desgraciadamente, 2012 no se está desarrollando como un año en el que vayamos a cambiar
significativamente estas deprimentes cifras. Serán las mujeres que emitan su voto, más que las
que se presentan para ser elegidas, quienes afectarán significativamente el resultado de estas
elecciones.
La llamada brecha de género, (gender gap) —la diferencia entre el porcentaje de mujeres y el
porcentaje de hombres que votan por un determinado candidato— ha sido evidente en cada
una de las elecciones presidenciales desde 1980, revelando que las mujeres prefieren a los
demócratas por un margen de 4 a 11 puntos. Esto se ve respaldado por una marcada brecha
de género en la identificación con un partido: un sondeo del Pew Research Center muestra que
el 52% de las mujeres se identifican con el Partido Demócrata mientras que sólo el 43% de los
hombres lo hacen. Y lo que quizá es más importante es que las mujeres acuden a votar en
mayor número: 10 millones más de mujeres que de hombres votaron en 2008. Obama
mantiene una ventaja en el mapa electoral en este momento y está concentrando su tiempo y
recursos de campaña en los importantísimos Estados bisagra. Pero el voto femenino se
extiende por todos los objetivos en cuanto a estados, raza e intereses especiales y, si quiere
ganar, necesita movilizar a estas votantes y hacer que acudan a las urnas en grandes números.
Por otro lado, Romney solo necesita desplazar estos números un poco en su dirección.
Comprendiendo estos cálculos electorales, y que la ira es un gran factor de motivación para
lanzarse a actuar, ha sido surrealista contemplar cómo los republicanos sabotean su propia
imagen ante las mujeres retrocediendo en el tiempo hasta los 60 gracias a una serie de
sucesos que pusieron el nada controvertido tema de los métodos anticonceptivos en el centro
de atención. En enero el candidato republicano Rick Santorum dijo que los estados deberían
tener derecho a declarar ilegal la venta de anticonceptivos. Poco después, la fundación Susan
G. Komen for the Cure anunció que dejaría de financiar a Planned Parenthood (el mayor
proveedor de servicios de salud reproductiva del país) en una decisión que provocó una
indignación generalizada. La fundación tuvo que dar marcha atrás en su postura y su
presidenta se vio obligada a dimitir.
Esta indignación, sin embargo, no impidió que la Conferencia de Obispos Católicos de Estados
Unidos se lanzara a buscar pelea a propósito de la política en materia de anticoncepción del
presidente Obama dentro del marco de la Ley de Sanidad Asequible, que requería a todo tipo
de empleadores, incluyendo escuelas y hospitales gestionados por la Iglesia, que incluyeran la
anticoncepción gratuita en sus planes de asistencia sanitaria. Poco después, las mujeres
estadounidenses experimentaron un flashback a 1992 cuando los republicanos de la Cámara
de Representantes invitaron a un panel de cinco líderes religiosos y profesores -todos los
cuales eran hombres- a testificar sobre religión y contracepción. Los demócratas de la Cámara
presionaron a los republicanos para que incluyeran a la estudiante de Derecho de la
Universidad de Georgetown Sandra Fluke en el panel, pero fue rechazada porque «no se halló
que fuera apropiada o estuviera cualificada» para testificar sobre libertad religiosa. Demócratas
y mujeres activistas por igual calificaron las acciones de los republicanos de «guerra contra las
mujeres».
Y una posterior e inevitable guerra estalló en los medios: el ultraconservador y célebremente
sexista locutor de radio Rush Limbaugh llamó a Sandra Fluke «casquivana». Estos comentarios
provocaron más indignación y el presidente Obama llamó de forma pública a Fluke para
ofrecerle su apoyo. Poco después, un destacado partidario del entonces candidato Rick
Santorum recordó con nostalgia cuando una simple aspirina se usaba como método
anticonceptivo que «las chicas se ponían entre las piernas» para evitar el embarazo.
Sobre Romney ha recaído en las encuestas el grueso del castigo por estas acciones de los
republicanos; el Pew Research daba a Obama una enorme ventaja del 20% entre las mujeres
en el apogeo de la «guerra» en marzo. Era quizá injusto para alguien que una vez apoyó el
derecho al aborto por deferencia hacia su madre, una mujer que había sido candidata a
gobernadora del estado de Michigan. Pero nunca se manifestó en contra de nada de esto
porque mientras sus colegas republicanos libraban esta guerra, él estaba en medio de las
primarias y no se encontraba en posición de enojar a su base conservadora.
Por su parte, Obama aprovechó al máximo esta oportunidad para publicitar una de sus
prioridades legislativas, la Ley de Equidad Salarial, que tiene el propósito de lograr la igualdad
de sueldos para las mujeres. Las mujeres estadounidenses actualmente ganan 77 céntimos por
cada dólar que gana un hombre, pero los republicanos del Senado mostraron su indiferencia
hacia las mujeres, y hacia el futuro de la campaña de Romney, bloqueando este proyecto de ley
en una votación a comienzos de junio.
Aunque la brecha de género entre Obama y Romney se ha estrechado hasta los 13 puntos en
la más reciente encuesta de Pew Research, Limbaugh ha vuelto a la carga, quejándose de que
«cuando las mujeres lograron el derecho a votar es cuando todo comenzó a ir cuesta abajo».
Romney no ha descartado elegir a una mujer como candidata a la vicepresidencia y los
nombres que circulan incluyen a Condoleeza Rice y a Kelly Ayotte. Ambas son republicanas de
prestigio que no conllevan los mismos riesgos que acompañaban a Sarah Palin, pero no
obstante aun así parecería una concesión, del mismo modo que lo sería elegir a Marco Rubio
para atraer el voto latino, y en ningún modo garantizaría más votos femeninos.
La movilización de votantes de base puede acabar siendo, al final, más importante que la
persuasión de los indecisos en este ciclo. Y si Romney y sus colegas y expertos republicanos
siguen adelante con las acciones y la retórica repulsivas contra los temas que importan a las
mujeres, se podrían encontrar en el punto de mira de la ira femenina.
Alana Moceri
Fecha de creación
6 octubre, 2011
Activar a las bases del partido y atraer a la vez a los votantes independientes no es tarea
fácil para los republicanos estadounidenses.

No es suficiente con ser carismático, tener buenas ideas o pronunciar discursos electrizantes.
Si uno quiere ser presidente de Estados Unidos, debe ser capaz de movilizar votos en los
Estados adecuados, lo que requiere una combinación de la habilidad de activar a las bases del
partido y la de atraer a los independientes. La capacidad de un candidato para activar a las
bases de su partido se pone de manifiesto de manera muy visible durante la fase de primarias.
Una vez que éstas acaban, el candidato elegido se ve obligado a gravitar hacia el centro y a
luchar por los votantes independientes, lo que obviamente supone un mayor desafío para
aquellos que ganaron consiguiendo atraer a lo más extremo de su partido. Las actuales
primarias para la presidencia de los republicanos son un fantástico ejemplo de esta paradoja: la interminable búsqueda del candidato perfecto está debilitando las perspectivas futuras para los
candidatos que ya están sobre el campo, algunos de los cuales representan la mejor opción
que tiene el partido de conquistar la Casa Blanca en 2012.
El ascenso de la influencia del movimiento Tea Party dentro del Partido Republicano, que exige
pureza ideológica a los candidatos, tiene gran parte de la culpa de esta indecisión. Aunque
desde entonces se han producido en los debates momentos que han atraído titulares, el más
revelador se produjo al principio, en Iowa, cuando Bret Baier, de Fox News, preguntó a los
candidatos si se opondrían a un acuerdo sobre la deuda que ofreciera 10 dólares en recortes
de gasto por cada dólar en subida de impuestos. Todos los candidatos levantaron la mano.
Este tipo de absolutismo ideológico hará que sea muy difícil para quien finalmente resulte
elegido candidato el volverse hacia los independientes con propuestas más pragmáticas.
En realidad se puede afirmar que ha sido a las mujeres -Michelle Bachmann y Sarah Palin- a
quienes mejor se les ha dado atraer a las bases del Tea Party. La victoria de Bachmann en la
votación de tanteo conservadora de Iowa es una magnífica indicación de este apoyo, pero su
candidatura parece haberse debilitado tras la entrada en la carrera del gobernador Rick Perry,
lo que en la práctica la ha convertido en una lucha a dos entre él y Mitt Romney. Palin ha
estado haciendo campaña como si fuera candidata a la presidencia, viajando por el país en un
autobús personalizado y realizando numerosos viajes a Iowa y New Hampshire, pero evitando
hacer un anuncio de su candidatura. Finalmente, ha confirmado que no se presentará, y es que
parece estar mucho más interesada en lograr la atención de los medios de comunicación que
en ser presidenta.
Desde luego lo más indicativo del estado de ánimo general entre las bases del partido han sido
las reacciones de la audiencia en estos debates: vitoreando ante la perspectiva de dejar morir a
alguien porque carece de seguro médico; abucheando a un militar en Irak porque era gay; y
aclamando efusivamente el récord de 234 ejecuciones en Texas del gobernador Rick Perry. Los
republicanos se ven a sí mismos como duros individualistas, pero estas reacciones de la
audiencia mostraron una actitud predominantemente inhumana. Una despiadada visión de la
sociedad que -en palabras de Barack Obama- les dice a los ciudadanos que «se las tienen que
arreglar por sí solos».
Rick Perry parecía el candidato perfecto -conservador, carismático y un buen recaudador de
fondos- hasta sus tres vacilantes intervenciones en los debates. A pesar de mostrarse duro con
el crimen, Perry mostró una debilidad en lo referente a los hijos de los inmigrantes ilegales. Esto
le hizo perder mucha credibilidad conservadora cuando defendió una ley de Texas que permite
a los hijos de inmigrantes ilegales pagar la modalidad de matrícula de la universidad reservada a los residentes en el Estado, que es más barata: “Si lo que dice es que no deberíamos educar
a los niños que llegan a nuestro Estado por la única razón de que les han traído aquí sin que
ellos cometieran ninguna falta, creo que no tiene corazón”. Leyes como éstas también son
necesarias para lograr ser gobernador en un lugar como Texas, donde no se puede ganar sin
una gran proporción del voto hispano, algo que se necesita además para conseguir la
presidencia.
De modo que la búsqueda continúa y la más reciente gran esperanza de la semana, hasta su
anuncio el martes de que no se lanzará a la carrera, era Chris Christie: un hombre que lleva la
rudeza a nuevos niveles e incluso tiene una web llena de vídeos para demostrar lo
desagradable que puede ser con cualquiera que se atreva a desafiarle. A pesar de sus muchas
negativas a presentarse candidato y su confesión de que sencillamente no lo desea lo
suficiente (también captada en vídeo), ha estado siendo presionado por Rupert Murdoch, el ex
secretario de Estado Henry Kissinger, Nancy Reagan y el columnista conservador William
Kristol. Resulta interesante que, en realidad, su agresivo estilo se contradice con sus posiciones
políticas, que se sitúan más hacia el lado moderado del espectro, con Mitt Romney, y nos
habría devuelto directamente al dilema de cómo agradar a las bases del Tea Party a la vez que
se posee la capacidad de atraer a los independientes.
El candidato que se sitúa más fuerte en las encuestas, y a quien la propia campaña de Obama
más teme, es Mitt Romney. Si finalmente consiguiera la nominación, esta interminable
búsqueda de «cualquiera menos Romney» sólo habrá servido para arrojar dudas sobre su
candidatura. La indecisión también está dificultando la recaudación de fondos de los candidatos
que ya se han postulado, ya que muchos donantes prefieren esperar para dar su apoyo a un
potencial ganador. Cualquiera que decida lanzarse ahora se enfrentará a un gran desafío para
montar su maquinaria organizativa y de recaudación: el próximo debate es el 11 de octubre y la
votación quizá comience en una fecha tan temprana como el 31 de enero.
Nicholle Wallace, ex director de comunicaciones de la Casa Blanca bajo el presidente George
W. Bush, que apareció recientemente en The Rachel Maddow Show, considera esta búsqueda
actualmente en marcha como un «juego peligroso» para las esperanzas del partido de recuperar
la Casa Blanca en un año en el que los independientes están ahí para quien logre captarlos. En
sus comentarios, el cortejo disfuncional se convierte en una metáfora de lo que está pasando:
«Yo creo que todo este proceso disfuncional de cortejo que está realizando el partido al
continuar despreciando a los tipos que están sobre el campo -presentarse a la presidencia es
torturante y cualquiera que lo hace en uno u otro lado debe ser alabado por meterse en el área-
, él [Christie] no ha entrado todavía al estadio y pienso que volverá para morder al partido
republicano en el trasero, pero ellos han continuado deseando a los tipos que no están interesados en presentarse. Ya sabes, es como lo que lleva a desear siempre al tipo que no se
muestra accesible, ya sea emocionalmente o de cualquier otra manera”.
Lo de Donald Trump nunca tuvo nada que ver con el republicanismo o con el conservadurismo. Trump ha sido un oportunista que ha remodelado el Partido Republicano a su imagen y semejanza.
Tras cuatro años en los que han aparcado sus valores para ajustarse a los caprichos y exigencias de Trump, muchos líderes del partido, como el exvicepresidente Mike Pence y el líder de la minoría republicana en el Senado Mitch McConnell, parecen ya preparados para una ruptura.
En esta ocasión, analizo todos los detalles sobre el juicio político que se le realizará a Donald Trump en el Senado y el impacto que podría tener en el Partido Demócrata y Republicano.

* Debate disponible a partir de 1:21:10
Pude participar en la edición especial de TVE 24H para analizar detalle a detalle el final de la era Trump y la toma de posesión del nuevo presidente estadounidense Joe Biden.

Tuve el placer de conversar con Manuel Ángel Gómez para analizar sobre la tensión y expectativa ante el relevo de Joe Biden a Donald Trump, así como la celebración de su toma de posesión en Washington tras los acontecimientos en el Capitolio.
Trump ha sido malo para Estados Unidos, pero muy beneficioso para los medios de comunicación. ¿Qué puede pasar ahora?
Durante las primarias de 2016, el presidente de la cadena CBS, Les Moonves, se mostró muy sincero a propósito de la candidatura de Trump en un discurso pronunciado durante una conferencia de medios de comunicación en San Francisco: “Quizá no sea bueno para Estados Unidos, pero es estupendo para CBS”. Ahora puede parecer que la derrota de Trump es una especie de victoria de los atribulados medios informativos estadounidenses, puesto que el presidente ha dedicado la mayor parte de su tiempo en la Casa Blanca a despotricar contra ellos y calificar cualquier titular que no le gustaba de fake news. Pero la realidad es mucho más compleja y, aunque el panorama mediático post-Trump tendrá muchos menos tuits mareantes, agotadores titulares diarios y notificaciones constantes inundando nuestros teléfonos, también reportará menos beneficios.

En esta ocasión, el periodista Alberto Sierra analizó las últimas semanas de la presidencia de Trump, donde pude compartir mi opinión sobre la actual división política en los Estados Unidos.
Tuve la oportunidad de ser entrevistada en el programa de radio Carne Cruda para debatir el asalto al capitolio de EEUU, sus antecedentes y la responsabilidad de Trump junto con otros expertos sobre el tema.

En este artículo redactado por la periodista Laura Gómez Díaz, comparto mi opinión sobre la necesidad de cuidar y preservar la democracia estadounidense tras los acontecimientos ocurridos en el Capitolio.
Las imágenes de una turba furiosa asaltando un edificio gubernamental e interrumpiendo un proceso electoral no son algo tan extraordinario. Las vemos a todas horas en los telediarios. Pero no en los Estados Unidos, la ciudad sobre la colina. No, este tipo de cosas no habían pasado nunca en los Estados Unidos. Hasta que han pasado.
Es exactamente el mismo tipo de escena horrorosa que me vino a la cabeza ese día de noviembre de 2016 en que Donald Trump fue escogido 45º presidente de los Estados Unidos. Parecía algo apocalíptico. Y lo fue.
Durante los últimos cuatro años, Trump ha degradado y pervertido la democracia americana, y especialmente la institución de la presidencia, con su constante verborrea mentirosa y su desprecio por la Constitución. El presidente también ha destrozado uno de los dos grandes partidos americanos, el Republicano, conocido como el Grand Old Party: el Viejo Gran Partido.
Pero aunque Trump carga con una enorme responsabilidad por este final pesadillesco de sus años en la Casa Blanca, apenas dos semanas antes de su abandono de la presidencia, el todavía presidente de los Estados Unidos es sólo un síntoma de un problema mayor.
En mi participación para RPAvoces, pude analizar en detalle la ola de violencia desatada en la capital de los EE.UU., así como el reconocimiento oficial de la derrota del ahora ex presidente norteamericano Donald Trump.

En esta ocasión, participé en el programa El Mirador de Andalucía para analizar las consecuencias políticas del asalto al Capitolio de Estados Unidos.
Tuve la oportunidad de ser entrevistada para el programa de radio Tarde lo que Tarde de RNE para analizar los detalles sobre el asalto al Capitolio.

Trump decidió dónde iba a echar el resto antes de abandonar la Casa Blanca, ha sido en la sección 230 de la Ley de 1996 de Decencia en las Comunicaciones. No estamos hablando de una norma cualquiera; es la ley fundacional de Internet en EE UU, y actúa como escudo legal para plataformas como Facebook o YouTube protegiéndolas de dos maneras: en primer lugar, de ser demandadas por contenidos publicados por sus usuarios, y en segundo, al dejarles eliminar contenidos susceptibles de objeción. En otras palabras, se trata de la ley que las exime de responsabilidad legal por los contenidos que los usuarios publican en ellas.
Puesto que las plataformas digitales no son responsables de vigilar los contenidos, a menudo se culpa a la sección 230 de permitir que Internet se haya convertido rápidamente en un espacio salvaje, incendiario, agresivo y, con demasiada frecuencia, mendaz. Un espacio que contribuyó sobremanera al ascenso de Trump a la Casa Blanca. Pero, aunque resulte desconcertante que el aún presidente haya tomado personalmente las riendas de esta batalla, Trump tampoco se aparta tanto de la mayoría de legisladores demócratas y republicanos, que llevan tiempo con la vista puesta en la reforma. Solamente ha elegido el lugar y el momento equivocados para este torpe y desesperado intento de cambio.
Ante el no reconocimiento de los resultados electorales por parte del presidente Donald Trump, analizo el impacto que esto puede tener en la seguridad nacional estadounidense y en el futuro de las relaciones internacionales del país.
Tras los comicios electorales del pasado mes de Noviembre, la polarización se hizo cada vez más latente, provocando violentos disturbios en la sociedad estadounidense. Analizo este y otros aspectos en mi última entrevista para La Sexta.
He aquí las claves para entender cómo funciona el sistema electoral estadounidense, a quiénes beneficia y a quiénes perjudica y cuáles son las vías para cambiarlo.
Joe Biden no ganó las elecciones de 2020 porque alrededor de 7 millones de votantes lo eligieran por delante de Donald Trump. La victoria provino de unos 200.000 votantes en un puñado de los llamados “estados bisagra”. En 2000 y 2016, los candidatos republicanos que perdieron el voto popular, George W. Bush y Donald Trump, ganaron en el colegio electoral. Esto está claro incluso para un observador casual, pero existe un fenómeno similar en el Congreso. Los senadores republicanos, que actualmente controlan el Senado con una ligera mayoría, representan a unos 20 millones menos de estadounidenses que sus homólogos demócratas.
Por lo tanto, por gobierno de la minoría no me refiero a uno en minoría en el modo en el que se dan en los sistemas parlamentarios, sino más bien a que se trata del gobierno de una minoría de gente. El Gobierno de Estados Unidos, especialmente el sistema electoral y el propio Congreso, otorga más peso y por lo tanto más poder a los ciudadanos que residen en áreas y estados menos poblados. Esto coloca en desventaja a los ciudadanos de zonas urbanas y de los estados con grandes poblaciones. Esa es la razón de que Biden tuviera que ganar una mayoría popular tan grande para asegurarse la victoria en el colegio electoral y también es el motivo de que para los demócratas sea tan difícil, quizás imposible, controlar el Senado. Y es la razón de que Trump fuera presidente durante cuatro años a pesar de que la mayor parte del país estaba horrorizada con él.
¿Qué ocurrirá si Donald Trump no reconoce los resultados electorales? ¿Afectará esto el traspaso de poder a su nuevo sucesor Joe Biden? Converso sobre esto en mi entrevista para La Sexta Noticias.
¿Y cuáles son los pasos a seguir tras las elecciones presidenciales en EE.UU.? Lo converso con Julia Varela en su programa Tarde lo que Tarde.
Tras la victoria de Biden, ¿cuáles serán sus primeras acciones como el nuevo presidente de los Estados Unidos? Analizo esto y otros detalles en mi última entrevista para RTVE.
Así son los Estados Unidos y el escenario global con los que tendrán que lidiar Joe Biden y Kamala Harris tras cuatro años de trumpismo.
Escoger a los que ganan y los que pierden con la victoria presidencial de Biden es un acto claramente trumpiano. Esta falsa dicotomía de vencedores y derrotados, amigos y enemigos, conmigo o contra mí, ha dominado la política en los cuatro últimos años. Pero el objetivo de la política es el poder, y el poder no es un juego de suma cero. Es caótico y difuso y Biden y su equipo lo saben. Tendremos que acostumbrarnos a que las noticias nos vuelvan tan locos y a que, en lugar de esforzarnos en explicar lo mentiroso que es el presidente, quizá tengamos que adentrarnos en las malas hierbas de la política. Si hay que escoger ganadores y perdedores, el mayor perdedor es el propio Donald Trump, seguido de cerca por la política como juego de suma cero.
Siguiendo las jornadas de análisis sobre el recuento de votos en las elecciones estadounidenses, en esta ocasión tuve la oportunidad de ser entrevistada para el canal Negocios TV.
Pude compartir los momentos decisivos en el recuento de votos durante esta entrevista para el programa Al Rojo Vivo, de la cadena LaSexta
Fui invitada por Víctor Arribas para conversar sobre los estados claves durante la jornada de recuento de votos, la alta participación en los comicios y el impacto del voto por correo en las elecciones estadounidenses.
¡Vaya jornada electoral! Durante el recuento de votos en la noche del 3 de Noviembre, tuve la oportunidad de participar en el análisis en vivo para el diario español El País.
Cuando Estados Unidos elige un nuevo presidente o reelige al que ya tiene, no hay ni que decir que la noticia tiene una repercusión mundial enorme. A veces es difícil hasta para los propios estadounidenses comprender cuán importante es lo que sucede en EEUU para el resto del mundo.
Las elecciones de este martes afectarán a todo el planeta de una u otra manera. El mundo está pendiente de si la pesadilla de Trump llega definitivamente a su fin. Aunque Biden gane, la historia seguirá girando en torno a Trump. La otra gran noticia será la elección de Kamala Harris como la primera mujer vicepresidenta.
A pesar de las potentes promesas de Donald Trump, Joe Biden ha sabido aprovechar los flancos débiles del candidato republicano, como su mala gestión ante el virus y la violencia racial, para disparar su popularidad en las encuestas.
Pude ofrecer el más reciente repaso de la actual situación electoral estadounidense en mi entrevista para la cadena T5.
A pocas horas de que los estadounidenses quién será el próximo sucesor de la Casa Blanca, queda claro el combate decisivo que se está dando en los swing-states y la notable estabilidad de las encuestas entre ambos candidatos durante gran parte de la campaña electoral. Tuve la oportunidad de hablar de esto y mucho más en mi última entrevista para RTVE.
¿Cuál es el poder de las mujeres en la campaña presidencial de Estados Unidos?
“Mujeres de los barrios residenciales, ¿por qué no os caigo bien?”, se lamentó Trump en un mitin en octubre. No fue tan raro que lo dijera, porque continuó con estas palabras: “He salvado vuestro maldito barrio, ¿no?” Trump está obsesionado con las audiencias de televisión y las encuestas y sabe muy bien que no puede ganar la reelección sin esas mujeres. Los comicios coinciden con el centenario del sufragio femenino, pero son dos hombres blancos y mayores los que encabezan las dos candidaturas; pese a ello, las mujeres tienen un papel crucial.
Lo más llamativo del factor de género es la diferencia que siempre ha jugado a favor de los demócratas desde 1980 y que esta vez ha pasado de 11 puntos en 2016 a un mínimo de 14 puntos en esta ocasión. La muerte de la magistrada progresista del Tribunal Supremo Ruth Bader Ginsburg y los esfuerzos de Trump para sustituirla por la muy conservadora Amy Coney Barrett han vuelto a colocar la vieja batalla por el derecho al aborto en el centro del debate nacional. Biden podría no haber sido el candidato del Partido Demócrata si no fuera por el apoyo de las mujeres negras, especialmente en Carolina del Sur. Y no hay que olvidar a Kamala Harris, la primera mujer de color en una candidatura presidencial de los dos grandes partidos. Aunque ninguna mujer vaya a ser la próxima inquilina de la Casa Blanca, estas han ejercido su poder en esta campaña como en ninguna otra.
En esta entrevista he hablado sobre los voluntarios o poll heroes que trabajan en las urnas durante las elecciones en EE.UU.
A pesar de que casi siempre colaboran personas mayores, debido a la pandemia, los jóvenes están levantando sus manos para contribuir en este trabajo tan importante.
Trump tenía razón cuando dijo en el debate final de la campaña que él no es “un político típico”. Tiene talento para poner el listón bajo, así que, en comparación con el anterior debate, es fácil aplaudir su comportamiento relativamente moderado en este.
Ahora bien, es para maravillarse y digno de mención comprobar cómo sus mentiras, ataques infundados, culpas descargadas sobre los demás y fanfarronería sin fin hubieran causado un alboroto en boca de cualquier otro candidato antes de de 2016, y ahora nos hemos vuelto inmunes ante ese comportamiento y nos quedamos impresionados cuando muestra un poco de moderación.
Tuve la oportunidad de conversar con la maravillosa María San Juan sobre el último drama electoral estadounidense.
Tras el debate presidencial hipermacho y cargado de testosterona de la semana pasada, el debate entre los candidatos a la vicepresidencia, Mike Pence y Kamala Harris, se esperaba más parecido a un debate tradicional, centrado en las políticas. Y cumplió las expectativas. De hecho, fue casi aburrido hasta el punto de que una mosca se pasó dos minutos en la frente de Pence causando el alboroto en Twitter.
El asunto que permea y condiciona absolutamente todo en nuestros gobiernos y nuestras vidas en este momento, el coronavirus, ocupó un lugar prominente. Eso, Trump y, en menor medida, la economía y Joe Biden. No resulta sorprendente, dada la reciente hospitalización de Trump y que el virus fue el asunto del día en la víspera, por la logística del debate: los responsables de ambas campañas habían acordado que habría una pantalla protectora de plexiglás entre los candidatos y, de repente, el equipo de Trump no lo tenía.
Tuve la oportunidad de ser entrevistada por Victor Arribas donde, junto con el catedrático J. María Peredo, analizamos la situación en EE.UU. tras el positivo de Trump.
La incertidumbre de la celebración del segundo debate presidencial el próximo 15 de Octubre es la noticia actual ante la evolución del positivo por COVID-19 del presidente Donald Trump. Esta vez, lo analizo en mi entrevista para LaSexta Noticias.
En esta ocasión, fui invitada para el programa La Tarde Con Marilón Maldonado para analizar cómo afecta el positivo del Presidente Donald Trump al segundo debate entre el candidato Demócrata y Republicano.
Tras conocer el positivo de coronavirus del presidente de los Estados Unidos y actual candidato republicano a las elecciones presidenciales, analizo la posible alteración en la campaña electoral de Donald Trump y en especial, la incertidumbre de la celebración del segundo debate ante su rival Joe Biden.
A finales de agosto, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo: “No creo que deba haber debates presidenciales”. Pelosi continuó explicando el por qué, y señaló que Trump “de algún modo, actuará probablemente por debajo de la dignidad que exige la presidencia; lo hace todos los días”. Y tenía razón.
En el primer debate Trump-Biden, era imposible no sentirse agotado tras 90 minutos de caos, mentiras y constantes interrupciones que procedían, de forma abrumadora, del propio presidente.
Hay un término muy técnico que utilizamos en Estados Unidos para este tipo de debacle: "total shitshow", o sea, un espectáculo de mierda. Jon Meacham, biógrafo presidencial, fue más elocuente en este tuit: “Sin hipérbole: el comportamiento esta noche del titular de la presidencia marca el momento más bajo de ésta en su historia desde los papeles racistas de Andrew Johnson”.
Desde que se convirtió en candidato presidencial Republicano en 2015, Trump ha estado degradando los debates, tanto como ha degradado la presidencia, la reputación y el lugar de Estados Unidos en el mundo, y la democracia estadounidense en general.
En esta entrevista, pude explicar la campaña del Partido Demócrata de los EE.UU. para que los ciudadanos realicen el voto por correo lo antes posible, y así evitar irregularidades en el recuento de votos en unas elecciones tan atípicas.
En esta ocasión, fui entrevistada para analizar la nominación de la jueza Amy Coney Barrett como la candidata del presidente Donald Trump a la Corte Suprema de Justicia y el Senado.
Parece que Biden está por delante en las encuestas pero eso no quiere decir que vaya a ganar. Las claves para entender cómo interpretarlas y su fiabilidad.
Ahora que tanto los demócratas como los republicanos han celebrado sus convenciones y ha pasado el fin de semana del Día del Trabajo, la campaña presidencial de Estados Unidos está oficialmente en pleno apogeo. Esta es una noticia emocionante para aquellos a quienes nos encanta seguir las encuestas, porque ahora de verdad tiene sentido.
Cuando se habla de sondeos es fundamental tener en cuenta que no se trata de bolas de cristal, son instantáneas de lo que está sucediendo en el momento en que se recopilan los datos. Las tendencias ascendentes, descendentes o estables pueden ayudarnos a comprender cómo las noticias, los actos de campaña y otros acontecimientos pueden estar influyendo en la opinión pública, pero no son predictivos, como muchos artículos periodísticos quieren hacernos creer.
Es difícil culpar a los periodistas y directores de medios por intentar estimular la “carrera de caballos” de los sondeos: ¡son emocionantes e incluso un poco sexys! Pero demasiados periodistas informan sin mucha o ninguna formación en metodología cuantitativa y utilizan términos sin sentido como “empate estadístico”, que hace que los politólogos se suban por las paredes. Además, no todos los sondeos son iguales, algunos tienen una excelente metodología y otros son menos fiables. Como la mayoría de las cosas en la política y las relaciones internacionales, el asunto es complicado y a la prensa no le gusta mucho la complicación. Dicho esto, intentaré “descomplicar” aquí los sondeos de las elecciones presidenciales estadounidenses con algunas preguntas y respuestas.
La muerte de Ruth Bader Ginsburg encarniza aún más la batalla electoral de este otoño.
Perder al buque insignia de los derechos de las mujeres es doloroso. Perderlo en medio de tanta muerte y tantas pérdidas económicas debidas a la pandemia, de la violencia, las protestas, los incendios y los huracanes, y de una campaña presidencial profundamente divisiva, supera los límites de la aflicción que un país debería tener que soportar. Pero las cosas van a ponerse peor: la muerte de la magistrada del Tribunal Supremo de Estados Unidos Ruth Bader Ginsburg sienta las condiciones para una batalla brutal en los próximos meses por quién elegirá a su sustituto. (leer artículo / read in English)
Es siempre un placer hablar con Pepa Bueno. Mi intervención en Hora25 en Cadena SER sobre Ruth Bader Ginsburg, la trayectoria de un icono feminista. "Son momentos muy duros para las feministas y para los demócratas, pero hay formas de luchar".
En mi última entrevista para RT hablé sobre los grupos paramilitares en Estados Unidos, su ascenso, inclinaciones ideológicas y lo que significan para Trump.
Cada vez falta menos para que los estadounidenses acudan a las urnas electorales. En esta ocasión, fui entrevistada para hablar sobre la importancia del sufragio latino en los comicios, destacando como "voto clave" el estado de Florida.
¿De qué forma está obligando la pandemia a hacer la transformación pendiente de los mayores espectáculos políticos del mundo: las convenciones del Partido Demócrata y el Partido Republicano?
Me encontraba en medio de una masa rugiente de 50.000 líderes demócratas, donantes, activistas, adictos a la política y periodistas apiñados en un estadio de Filadelfia, dando saltos, ondeando pancartas, gritando “¡Yo la apoyo!, ¡YO LA APOYO!” Hillary Clinton acababa de ser designada oficialmente candidata a la presidencia de Estados Unidos, había una lluvia de globos y confetis, las cámaras estaban grabando y el mundo entero contemplaba el acontecimiento.
No hay en el mundo un espectáculo político comparable a las convenciones de los partidos estadounidenses que se celebran cada cuatro años para designar a los candidatos presidenciales, y en estos tiempos de distanciamiento forzoso es difícil recordar el entusiasmo que se sentía al estar allí. La Convención Demócrata de 2016 fue mi primera experiencia en una convención política nacional, y muy bien podría ser la última. No porque no pueda subir a un avión o conseguir un pase de prensa, sino porque, como muchos otros acontecimientos de multitudes, la COVID19 ha causado estragos en las convenciones y es muy posible que las transforme definitivamente.
La pandemia ha obligado a los dos grandes partidos estadounidenses a prescindir de la tradicional pirotecnia que acompañaba al espectáculo de la nominación de los candidatos. Si la semana pasada fue el turno los demócratas, ayer los republicanos cerraron la proclamación de Donald Trump y Mike Pence, como candidatos a presidente y vicepresidente en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Desde el mismo lunes que arrancó la convención, el actual mandatario se encargó de agitar un programa mermado por las restricciones por el virus, con apariciones inesperadas y momentos poco ortodoxos en la tradición de estos eventos. “Romper las normas y las instituciones es una tendencia de Trump”, señala Alana Moceri, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea de Madrid, que analiza lo más destacado de los cuatro días de celebración republicana en este vídeo: el papel de la familia, el discurso del miedo frente a Biden, el uso de la Casa Blanca con fines electorales, las menciones a la gestión de la pandemia y el futuro de un partido que ahora mismo está dominado por el presidente y su familia.
¿Se sorprendería si le dijera que Joe Biden y Donald Trump tienen algunas cualidades en común? Quizá sí, quizá no, pero allá voy de todos modos: ambos se venden como luchadores por la clase trabajadora y ambos son políticos que toman decisiones con las vísceras. Además, los dos tienden a considerar los asuntos exteriores como un medio para desarrollar relaciones personales con los distintos líderes mundiales, aunque entre éstos tienen amistades distintas.
Pese a todo esto, Demócratas y Republicanos han mostrado claras diferencias en sus respectivas convenciones, celebradas en las últimas dos semanas. Es posible que usted haya estado de vacaciones o simplemente haya mostrado poco interés por las casi 20 horas de discursos televisados, vídeos y actividades destinadas a espolear a los más fieles. Aquí están mis siete conclusiones después de haber visto todo.
Una de las cuestiones más llamativas en la esperada elección de vicepresidente por parte del candidato demócrata Joe Biden fue si las mujeres consideradas para el puesto eran demasiado ambiciosas. Una pregunta extraña cuando se habla de políticos que son, por naturaleza, profundamente ambiciosos. Pero Bilden nos prometió una mujer y cosas más extrañas han sucedido cuando se habla de candidatas.
Algunos de los aliados de Biden, en particular el exsenador Chris Dodd y el exgobernador de Pensilvania Ed Rendell, se sentían incómodos por el hecho de que la senadora Kamala Harris hubiera puesto originalmente su mirada en la Presidencia. Como si trazar su propio camino hacia la Presidencia la hiciera menos leal a Biden o a sus objetivos políticos. Esto es ridículo, pues el propio Biden fue candidato en 2008, al igual que Dodd. Lo que demuestra que no es raro que los candidatos a vicepresidente provengan del grupo de participantes en las primarias.
Cinco continentes – EEUU: «a cien días de las elecciones presidenciales»
Entrevistamos a Alana Moceri, analista política y profesora de la Universidad Europea de Madrid, para analizar la situación política, económica y sanitaria de Estados Unidos cuando la campaña para las elecciones presidenciales de noviembre empieza a cobrar fuerza.
He aquí las claves para entender por qué más que buscar la definición sobre la supresión cultural, hay que trabajar los matices y los argumentos con datos en el debate público.
El problema de la cultura de la cancelación es que es difícil de definir. Intentar hacerlo es como meterse en un laberinto del que es muy complicado salir porque nos topamos constantemente con callejones sin salida, ramificaciones y situaciones de “mi palabra contra la tuya”. Cuesta incluso demostrar su existencia, porque depende de cómo se defina. Si es verdad que existe, es solo un nombre nuevo para un fenómeno tan antiguo como la humanidad: nos gusta pertenecer a un grupo y, antiguamente, el miedo a que nos expulsaran de nuestras tribus era todavía más una cuestión de supervivencia que hoy en día. Los grupos o tribus siempre han tenido normas éticas y culturales y el hecho de infringirlas puede llevar a esa expulsión, por lo que la gente trata de proteger su propia reputación para conservar su estatus dentro del grupo.
Este es básicamente el quid de la cultura de la cancelación: una persona dice, tuitea o cuelga en Instagram algo que otros consideran ofensivo y que critican en las redes sociales. Si se difunde suficientemente y se hace viral, puede acabar incluso en los medios tradicionales y amenazar con “cancelar” o anular la reputación y el sustento de la persona acusada, independientemente de que sea famosa o no.
Todo el mundo habla de ello, pero no todos entienden qué es y que no es. He aquí algunos ejemplos que ya se han puesto en marcha y un análisis de las diferencias entre cada uno.
Resulta especialmente digno de mención el hecho de que los partidos políticos de izquierdas no se opusieron con vehemencia al programa de renta mínima garantizada aprobado en junio. Los españoles estaban mayoritariamente a favor; lo aprobaba, según el Barómetro del mes de mayo del CIS, el 83,4%, lo cual es lógico si se tienen en cuenta las dificultades económicas causadas por la pandemia del coronavirus. Y que este programa va a sustituir a un sistema de protección muy desigual para las personas más vulnerables, cuya gestión estaba en manos de las comunidades autónomas.
Esta medida tan popular incorpora España al grupo de países que han experimentado con programas de ingresos mínimos o rentas básicas, en algunos casos universales y en otros, no. El propósito es reducir la pobreza y la desigualdad, pero estas políticas también reciben su buena dosis de críticas. La más habitual es que, si la gente recibe dinero por el mero hecho de estar viva, no querrá trabajar. Se trata de una crítica dirigida sobre todo contra los pobres. Pero hay buenas noticias: se han probado ya varios programas de este tipo en todo el mundo, lo que nos permite ver qué ha funcionado y qué no.
El superpoder de Trump es que no importa cuán vulgar, escandaloso o reprensible sea, porque su núcleo duro de seguidores sigue adorándole mientras el resto de nosotros se retuerce de agonía. Esto falsea todo pensamiento convencional sobre la comunicación política.
Ahora recuerdo con cariño cómo Mitt Romney metió la pata en una rueda de prensa cuando dijo que tenía “folios llenos de mujeres” entre los que elegir para su futura Administración. En ese momento no lo consideré como algo sexista, pero causó más daño que el famoso “agarrarlas por el coño” de Trump. Las reglas convencionales no se aplican a este hombre, pero finalmente podrían volverse contra él.
La razón por la cual la vulgaridad no le ha afectado a Trump como a otros políticos es que a él no le importan los votantes que no pertenezcan a su base leal, a su núcleo duro. La mayoría de candidatos hacen lo que yo llamo un “baile hacia el centro” después de ganar las primarias en un esfuerzo por atraer a votantes independientes que son necesarios para llegar a la Casa Blanca. Trump no.
¿Qué países han celebrado elecciones durante la pandemia del coronavirus y qué medios han utilizado? ¿Qué Estados son los que celebrarán comicios próximamente y cómo los van a afrontar?
Quizá no se acuerden, pero, antes de que Trump empezara a proponer la actuación del Ejército contra los ciudadanos estadounidenses que están protestando por la brutalidad policial contra los afroamericanos, se había dedicado a despotricar contra otra cosa mucho más prosaica: el voto por correo. ¿Por qué? Porque, para mantener a los electores a salvo de la COVID19 cuando acudan a las urnas, el 3 de noviembre, los demócratas han propuesto que se utilice más el voto por correo. A Trump, que gobierna todo el tiempo como candidato más que como presidente, le preocupa que el voto por correo puede aumentar la participación y disminuir sus posibilidades de reelección. No hay muchas pruebas de que el voto por correo favorezca especialmente a los demócratas y, desde luego, ninguna de fraude, cosa que también afirmó en Twitter cuando, por fin, la empresa se decidió a contrastar dos de sus tuits.
Pero Estados Unidos no es el único país que está debatiéndose sobre cómo celebrar elecciones este año, y el voto por correo no es la única solución, en absoluto. Los países preocupados por que sus ciudadanos puedan votar con seguridad se han puesto a estudiar una gran variedad de soluciones. Algunos han optado por aplazar los comicios, a veces con el fin de ganar tiempo para pensar las cosas, y otros han decidido seguir adelante, pero con medidas de protección. El voto por correo es una más de las varias ideas propuestas y, excepto en Polonia, no despierta especial controversia en ninguna parte.
En esta ocasión, tuve la oportunidad de intervenir junto a otros especialistas en el área sobre la violencia racial en Estados Unidos.
Con el aumento de las tensiones sociales en Estados Unidos, fui entrevistada para analizar en profundidad las razones y el impacto de las protestas en el país tras la muerte de George Floyd.
Twitter, la plataforma preferida de Trump para mentir, puede verificar a Trump todo lo que quiera, puede señalar sus tuits por violar las reglas contra la apología de la violencia, pero nada de esto lo detendrá nunca.
Aun así, Twitter hizo un intento de señalar la falsedad de sus tuits a los usuarios. Para ello incluía un pequeño enlace debajo de sus tuits que conducía a información más veraz sobre el tema. Trump criticó el voto por correo. Luego criticó a Twitter por verificar lo que decía. Pero lo que vino después fue mucho peor. (leer articulo / read in English)
Dependiendo del punto de vista, para Joe Biden, para el Partido Demócrata o para ambos fue una suerte que las medidas de confinamiento por el coronavirus comenzaran justo cuando acababa de asegurarse el nombramiento. Todo el mundo, seguramente incluso la mayoría de los republicanos, sabe que Biden está cualificado para el puesto. No era eso lo que estaba en duda en las primarias, en las que los votantes demócratas estaban totalmente empeñados en determinar qué candidato tenía más probabilidades de derrotar a Trump. Tanto esos votantes como los demás candidatos se han unido para apoyar a Biden, que parece tener más posibilidades de ganarse a los demócratas moderados y quizá algunos republicanos moderados en los estados indecisos. Esa opinión tiene mucho que ver con la idea de que el hombre blanco da cierta sensación de seguridad. Al fin y al cabo, todos los presidentes estadounidenses, salvo uno, han sido hombres blancos. (read in English)
En una entrevista reciente con Reuters, Trump dijo que "China hará todo lo posible para que pierda esta carrera". Con la "carrera" quiere decir la carrera para ser reelegido como presidente este noviembre.
Han pasado 48 años desde que el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, hizo su famosa visita a China para reunirse con el primer ministro chino, Zhou Enlai, para abrir relaciones entre los dos países. Desde entonces ha habido momentos difíciles, el que más, el de la Plaza Tiananmen, pero ahora la relación está en un punto aún más bajo. No solo porque los dos países están liderados por hombres de enormes egos (grandes incluso para los estándares de los dirigentes mundiales), sino porque esa animosidad se ha extendido a la opinión pública, en gran parte impulsada por el nacionalismo que sus dos líderes han avivado. (leer articulo en El Español)
En una entrevista reciente con Reuters, Trump dijo que "China hará todo lo posible para que pierda esta carrera". Con la "carrera" quiere decir la carrera para ser reelegido como presidente este noviembre.
Han pasado 48 años desde que el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, hizo su famosa visita a China para reunirse con el primer ministro chino, Zhou Enlai, para abrir relaciones entre los dos países. Desde entonces ha habido momentos difíciles, el que más, el de la Plaza Tiananmen, pero ahora la relación está en un punto aún más bajo. No solo porque los dos países están liderados por hombres de enormes egos (grandes incluso para los estándares de los dirigentes mundiales), sino porque esa animosidad se ha extendido a la opinión pública, en gran parte impulsada por el nacionalismo que sus dos líderes han avivado. (leer articulo)
El coronavirus lo está cambiando todo y eso incluye las elecciones presidenciales de 2020 en Estados Unidos. Gran parte del país, así como su Presidente, comenzaron a darse cuenta de la gravedad de la pandemia del coronavirus en las semanas posteriores al Súper Martes, justo cuando el exvicepresidente Joe Biden consolidaba su victoria en las primarias presidenciales demócratas. Biden y el senador Bernie Sanders mantuvieron el primer y último debate entre dos candidatos el 15 de marzo ante las cámaras, pero sin una audiencia en directo y a una distancia segura el uno del otro. Ambos habían dejado ya de celebrar actos de campaña en vivo cinco días antes.
El coronavirus definitivamente les ha robado el papel en el centro del escenario que legítimamente correspondía a las primarias demócratas y a Biden en este punto de los comicios de 2020. Las presidenciales de EE UU son la Super Bowl de las elecciones, un espectáculo del que está pendiente el mundo entero. Iowa, el Súper Martes, la conquista de la nominación, las convenciones, los debates, los mítines, las visitas a pequeñas cafeterías pintorescas, los apretones de manos con los votantes… Se trata de una batalla entre dos candidatos en la que cada momento es inmortalizado por la presencia constante de cámaras. Es el programa de telerrealidad definitivo pero con mucho más en juego. (leer articulo)
Esta semana, mis alumnos salieron a toda prisa en dirección a sus respectivos países y ciudades de origen. Por mi parte, aunque quizá habría sido un consuelo estar con mi familia en unos momentos así, comprendí que sería una locura irme de España y volver a Estados Unidos. No solo porque aquí estoy protegida por el magnífico sistema público de salud español y en Estados Unidos no tengo ninguna póliza de seguro médico en vigor, sino también porque España está en mucha mejor situación para reaccionar ante la pandemia de coronavirus, como hemos visto en los últimos días. Mientras los estadounidenses empiezan a aislarse de forma voluntaria, enloquecen por el papel higiénico y, al parecer, compran armas (esto solo podía pasar en EE UU), los españoles están haciendo lo único que puede detener la propagación de este virus letal: quedarse en casa.
¿Por qué la América “de nuevo grande” de Trump está abordando de forma tan torpe el coronavirus? La verdad es que este es un sistema —si es que se puede llamar así— heredado, pero él lo ha empeorado. La sanidad es un caos fragmentado y con ánimo de lucro, y que no alcanza a todo el mundo, algo que debería ser el primer y principal objetivo. (leer articulo)
Las primarias Demócratas terminaron en el momento en el que el ex vicepresidente Joe Biden ganó casi todos los Estados en juego en el Supermartes. Pero si aquello no dejó las cosas lo suficientemente claras para el senador Bernie Sanders, los resultados del 10 de marzo deberían haberlo hecho.
Sin embargo, aquí estamos, con otro martes de primarias en Florida, Illinois, Ohio y Arizona, Estados que se inclinan hacia Biden, según todas las encuestas. Si esto transcurre como parece cantado, habrá que colocar la corona de ganador sobre la cabeza de Biden. Ahora bien, éste podría ser también el momento en el que Sanders declare la guerra total al Partido Demócrata. (leer articulo)
Los Demócratas están aterrorizados ante la perspectiva de otros cuatro años de Donald Trump. Es un tipo de miedo peligroso. Es el tipo de miedo que lleva a tomar malas decisiones basadas en la apariencia de una elección segura y racional.
Tras meses de coquetear con un gran número de candidatos que representaban la diversidad a la que el partido Demócrata da tanta importancia, los votantes han decidido apostar sobre seguro. Han optado por un hombre blanco y mayor del establishment para medirlo al hombre blanco y mayor socialista, para poder enfrentarlo este otoño al hombre blanco y mayor republicano. (leer en El Español / in English)
Qué importancia le dan los estadounidenses a la protección medioambiental? ¿Qué política defiende los candidatos demócratas respecto al clima? ¿Puede el cambio climático jugar un papel clave en las elecciones presidenciales del próximo noviembre?
A los demócratas en general, les preocupa profundamente el cambio climático pero, a la hora de designar a un candidato para la batalla que se avecina contra el presidente Donald Trump, hay un aspecto que predomina sobre todos los demás: la elegibilidad. Los demócratas de todo el país están enloquecidos tratando de decidir quién va a ser capaz de acabar con esta presidencia tan nociva. Y esa es una forma equivocada de escoger a un candidato. En lugar de escuchar a los aspirantes con sus programas y decidir quién les convence y, sobre todo, quien les apasiona más, los votantes están intentando hacer una predicción imposible. Los demócratas necesitan enamorarse de sus candidatos; el que haga vibrar suficientemente sus corazones será el más adecuado para enfrentarse a Trump. (leer articulo / read in English)
Fue un honor ser entrevistada para la Entrevista de Radio 5.
Cinco continentes – EEUU: «va a ser el debate más interesante»
Con Alana Moceri, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea de Madrid, analizamos la estrategia del exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, en la carrera demócrata hacia la nominación de las presidenciales. Mañana, Bloomberg participa, por primera vez, en un debate televisado en el que, según Moceri, recibirá «ataques» del resto de participantes.
El caucus de Iowa, la primera votación de las elecciones primarias para elegir al candidato en el país, fue -utilizando un lenguaje propio de Trump- un auténtico desastre. Ahora bien, esta no es más que la punta del iceberg del caótico, imperfecto y, francamente, absurdo sistema de escoger a los candidatos presidenciales en Estados Unidos y que, en su forma actual, se remonta a 1972. El sistema de primarias no está incluido en la Constitución —de hecho, sus artífices ni siquiera creían en los partidos políticos—, sino que se ha desarrollado de forma aleatoria en los órganos nacionales y estatales de los partidos y es una anomalía en comparación con otras democracias del mundo. Sin embargo, no está nada claro que el fiasco de Iowa vaya a ser suficiente para generar cambios en el sistema de elección del llamado “líder del mundo libre”. (leer articulo en esglobal / read English version)
Hablé con las Mañanas RNE sobre el discurso del estado de la Union de Trump, la tension con Nancy Pelosi y el desastre en Iowa.
Si usted es de Iowa, tiene el privilegio de reunirse con todos los candidatos a las elecciones presidenciales que desee, y además su voto es más poderoso que cualquier otro en las primarias de Estados Unidos. ¿Por qué? Porque desde 1972 su estado fue el primero en celebrar las primarias, lo que otorga a sus ciudadanos un papel decisivo en el desarrollo de las nominaciones de cada partido.
No hay ninguna razón para que esta situación se mantenga, pero la tradición persiste y voy a explicar por qué esta costumbre es perjudicial para la democracia estadounidense. (leer tribuna en El Español / English version)
En cuanto Donald J. Trump fue elegido presidente de Estados Unidos, el impeachment, —el proceso de destitución— se puso de moda. Desde entonces he dedicado mucho tiempo a explicar el concepto y su principal característica, que es que consiste en un proceso político, más que legal. Aunque en la Constitución de Estados Unidos está bastante clara la acusación de traición y corrupción, el significado exacto de "delitos mayores y menores" no lo está tanto. Pese a ello, entre los expertos existe el consenso de que se trata de un mecanismo institucional cuyo propósito es apartar de su cargo a los funcionarios que abusan de su poder. (leer la tribuna en El País / English version)
Puedes escucharlo aquí sobre las :30.
Hablé con Las Mañanas de RNE sobre el impeachment.
Hablé con Cinco Continentes sobre el ultimo debate entre los Demócratas antes del caucus de Iowa, los candidatos y quien puede vencer a Trump. Puedes escucharlo aqui:
Desde que la Cámara de Representantes de Estados Unidos votó en diciembre a favor de abrir el proceso de impeachmentde Donald J. Trump, su presidenta, Nancy Pelosi, quedó atrapada en un dilema gestado durante meses. Y es que, si las declaraciones del líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, deben tomarse al pie de la letra, entonces no habrá imparcialidad en el juicio a Trump en esta Cámara.
A pesar del juramento de imparcialidad que los senadores deberán hacer antes de que comience el juicio, McConnell se ha jactado ya de que él no es "un jurado imparcial". Más aún: ha dicho que "no habrá diferencia entre la posición del presidente y la nuestra sobre cómo resolver esto ". (leer articulo / English version)
Hay que reconocérselo, los demócratas están demostrando que casi son capaces de andar y masticar chicle al mismo tiempo. Durante dos meses dirigieron una investigación que ha desembocado, en diciembre, en la votación para iniciar el enjuiciamiento y el proceso de destitución de Donald Trump, y, al mismo tiempo, están en plena campaña de las primarias para elegir al candidato que se enfrentará a él en 2020.
Las dos actividades tienen el mismo objetivo, acortar la presencia de Trump en la Casa Blanca, pero las dos tienen muy poca seguridad de que vayan a triunfar. El Senado de mayoría republicana, casi con toda certeza, absolverá al presidente. Y, a pesar de que hay un grupo de candidatos lleno de talento y más variado que nunca, da la impresión de que la competición de las primarias está centrada ya en cuatro candidatos: dos hombres ancianos y blancos, el ex vicepresidente Joe Biden y el senador Bernie Sanders, un hombre blanco más joven, Pete Buttigieg, alcalde de Southbend, Indiana, y una mujer blanca, la senadora Elizabeth Warren. Este grupo no representa la promesa del Partido Demócrata de ser el partido de la diversidad frente a un Partido Republicano de hombres viejos y blancos. (leer articulo / English version)
Cuando la Cámara de Representantes de Estados Unidos votaba este miércoles (jueves ya en España) a favor del impeachment a Donald J. Trump, el nombre del presidente norteamericano se unía a un club exclusivo que incluye sólo a otros dos predecesores: Andrew Johnson y Bill Clinton.
El impeachment de Trump ha estado en boca de todos desde antes incluso de que fuera elegido presidente. La cosa estaba tan cantada y Trump ha llevado la indignidad a tales extremos, que el proceso para su destitución casi resulta hoy chocante. Ahora bien, se trata de un acontecimiento histórico, y hay que decir que sólo estamos asistiendo a un comienzo, no al fin.
(Leer articulo / English version)
Las campañas de marketing a corto plazo llevadas a cabo por el Gobierno español para combatir el discurso independentista catalán en el extranjero no ofrecen claros beneficios. ¿La razón? La reputación de un país tiene más que ver con lo que un Estado hace que con lo que dice.
Una cosa que aprendí desde muy pronto, como extranjera que a veces aparece en la prensa en España, fue que no debía nunca, bajo ninguna circunstancia, hacer ninguna declaración pública sobre la independencia de Cataluña. ¡Nunca! Quizá recuerden cuando el antiguo Embajador estadounidense James Costos hizo una declaración aparentemente inocua, al decir que, si Cataluña se separase de España, las empresas estadounidenses “harían los ajustes necesarios”. La frase desató una tormenta de especulaciones sobre si esa afirmación representaba el alejamiento oficial de la política tradicional de Estados Unidos al respecto, hasta el punto de que tuvo que retractarse ese mismo día y decir en Twitterque era “un asunto interno de España”. (leer articulo)
Fue un momento imponente cuando la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, anunció este martes que el órgano abría un proceso formal de impeachmentcontra el presidente Donald Trump. La gravedad del impeachment hace que su anuncio haya sido considerado siempre un momento histórico.
Pero lo que lo hace impresionante no es que Trump vaya a ser procesado. Ya lo fue con anterioridad por el Comité Judicial de la Cámara de Representantes y existen varias demandas contra él. Trump acumula tres años de incumplimientos a la Constitución de Estados Unidos y a su juramento al cargo. Lo que hace todo realmente formidable es que, desde que Pelosi juró su cargo de presidenta el pasado mes de enero, ha frenado diligentemente los deseos de muchos miembros de su partido de precipitarse en el impeachment . A cada escándalo que afloraba, Pelosi advertía: no, aún no. (leer articulo)
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Cuáles deberían ser las relaciones entre EE UU y la UE. He aquí las claves para entender qué les ha separado en los últimos años y cuál ha sido su trayectoria.
Al comenzar el curso, la hija de una amiga mía, de 11 años, hizo un intento muy maduro de restablecer una relación muy envenenada con una amiga suya. Le preguntó si podían olvidarse de todos los dramas y empezar de cero. ¿Les sorprende saber que el drama volvió una semana después? Seguramente no.
Los intentos de simplificar las relaciones internacionales suelen ser ejercicios inútiles, pero las relaciones personales no son una mala analogía, e incluso pueden ser una forma muy recomendable de introducir el tema a los alumnos. Sin embargo, pese a todo lo que hemos aprendido con gran esfuerzo sobre relaciones difíciles e incluso tóxicas, en las relaciones internacionales, los políticos vuelven una y otra vez a la idea de una especie de nuevos comienzos. En el caso de la hija de mi amiga, puede tratarse de un sincero y maduro intento de cambiar las cosas. Pero todos sabemos que el resultado no suele ser bueno, ni en las relaciones personales ni, mucho menos, en las relaciones entre países, cargadas de diferencias ideológicas, culturales e históricas. (leer en esglobal)
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Demócratas celebrado esta semana, la candidata a la presidencia Elizabeth Warren lanzó una reflexión: “No entiendo por qué alguien estaría dispuesto a padecer todos los problemas que acarrea el presentarse a presidente de los Estados Unidos solo para hablar de lo que no se puede hacer y de aquello por lo que no se debe luchar”.
Una nueva versión de la pregunta del millón que todos nos hemos estado planteando durante meses -¿Quién está mejor posicionado para derrotar a Trump, la izquierda progresista o los Demócratas moderados?- ha emergido en estos debates. Se ha transformado en una discusión sobre la oportunidad de plantear grandes propuestas e ideas audaces, y sobre si estas corren el riesgo de asustar al electorado general que siempre se necesita para ganar unas elecciones. (leer articulo en El Español)
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Los debate mensuales entre los aspirantes a candidatos demócratas a la presidencia arrancaron en junio y los votantes han comenzado a prestar atención a quién es quién y qué defiende cada uno de ellos. Las cuestiones que centraron más la atención en los debates de junio fueron la inmigración, la sanidad, la economía, el cambio climático y el control de armas. La política exterior no ocupó más que alrededor de 15 minutos de un total de cuatro horas. Pero esos escasos minutos bastaron para confirmar que los demócratas tienen un problema con la política exterior.
En concreto, ninguno de los candidatos ni, por tanto, el partido, están presentando nada que sirva de gran visión alternativa a la acción exterior de Trump, que es una auténtica película de horror. Lo que ofrecen es un confuso despliegue de visiones y posturas, algunas desinformadas y otras discrepantes con la política del gobierno de Obama. Y al mismo tiempo, no reconocen la dimensión internacional que tienen muchos de los principales problemas que discuten. (leer artículo en esglobal)
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Las campañas electorales se hacen para ganar. Ganar para tener el poder de imponer tus preferencias políticas. Creemos en lo acertado de nuestras ideas. Creemos que nuestras sociedades serán mejores si se hace que las cosas funcionen a nuestro modo. Todos pensamos que tenemos razón. Esto es aún más cierto para las personas que trabajan en las campañas, lo que hace que sea tentador que los fines justifiquen los medios.
Cuando el presidente Donald Trump recurrió a Twitter para decir a cuatro congresistas demócratas progresistas —conocidas como El Escuadrón— que si no les gusta Estados Unidos deberían "regresar para ayudar a arreglar los lugares totalmente desastrosos e infectados de crímenes de los que vinieron", la noticia se extendió por todo el mundo. A primera vista parecía tratarse del típico Trump tuiteando compulsivamente su furia. Pero, según personas próximas a él, ese racismo es realmente una táctica de campaña. Trump cree que avivarlo entre sus bases de votantes blancos y mayores es una estrategia ganadora para 2020. Y no se equivoca: le funcionó en 2016. (leer tribuna en El Pais)
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Conversación interesante con Giles Tremlett, Hans-Günter Kellner y Marc Sala sobre la nueva presidenta–la primera mujer!–de la comisión Europea, Ursula von der Leyen. Y, más seguimiento de las negociaciones para formar un gobierne aquí en España en La Noche en 24h.
Mi entrevista con La COPE sobre los candidatos Demócratas.
En las relaciones de pareja, a muchos nos han hecho luz de gas personas aparentemente románticas que, a base de constantes mentiras y manipulación, han acabado por hacernos cuestionar nuestra propia cordura. La verdad es un concepto resbaladizo sujeto a la percepción personal, por eso es manipulable. De eso se aprovechan los manipuladores para ganar poder y control sobre sus víctimas. La única forma de defenderse en estos casos es percatarse de la situación, algo que es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Pero la mayoría de las veces, la única solución factible es alejar de tu vida a ese tipo de personas, por tu propia cordura y salud.
"Deepfakes" (ultrafalsos) es el nuevo nombre que se da a los vídeos falseados o manipulados, muchos de los cuales son fáciles de detectar, pero lo cierto es que cada vez están mejor hechos. Empiezan a formar parte de las noticias falsas que se difunden a través de las redes sociales e incluso por los medios. Saber que este poder de manipulación puede ser utilizado por los políticos hace que uno se sienta abrumado e indefenso. Cada vez que se publica una historia sobre este tema -incluyendo probablemente ésta- te invade la sensación de estar pisando arenas movedizas. Y surge la pregunta de cómo empezar a discernir qué es verdad y qué no. Te prometes abandonar Facebook, pero no lo haces. (leer el articulo aquí)
Hablé con Javier Carrasco del programa Zoom de RT sobre la campaña de #2020, Trump y los 23 Demócratas como parte de un programa que hizo un bien repaso del estado de la campaña ahora mismo.
En la mesa de corresponsales de La Noche en 24horas, hablábamos sobre las negociaciones entre los partidos políticos en España y cómo se compara con nuestros propios países. Con Mathieu de Taillac, Guy Hedgecoe y Marc Sala–empieza sobre las 1:28:00. / During the correspondent's panel on La Noche en 24horas we talked about about the current negotiations going on between Spain's political parties and how it compares to our own countries. With Mathieu de Taillac, Guy Hedgecoe and Marc Sala–starting around 1:28:00.
Tanto España como Estados Unidos están desempeñando un papel internacional clave en el drama que ensombrece el futuro de Venezuela. Y ello a pesar de la división ideológica en ambos países entre la izquierda y la extrema izquierda que simplifica excesivamente el problema y el apoyo de Donald Trump al presidente encargado Juan Guaidó. Las izquierdas, que deberían liderar un asunto en el que están en juego los derechos humanos, se están perdiendo en peleas. Los venezolanos merecen algo mejor.
leer tribuna en El Español / read in English
En España, la mayoría de las veces, puedo adivinar la orientación política de una persona por cómo reacciona cuando le digo que soy estadounidense. Los que se deshacen en alabanzas y cuentan cuánto admiran a Estados Unidos suelen ser más bien conservadores, mientras que los que muestran su escepticismo tienden a ser de izquierdas. No es una verdad absoluta, desde luego, porque la gente que ha vivido un tiempo en Estados Unidos suele tener una opinión bastante positiva de mi país, algo que me resulta muy alentador. Y desde que Trump llegó al poder, he descubierto que los españoles son comprensivos y separan sus sentimientos respecto al pueblo y el país de los que les despierta el actual presidente.
Algo similar ocurre cuando se pregunta a los estadounidenses sobre la Unión Europea, salvo que allí son los izquierdistas y liberales (liberales en el sentido norteamericano de la palabra, es decir, progresistas) los que se derriten con la UE. La gente de derechas puede manifestar cierto desprecio e incluso burlarse de ella. Aunque el hecho de que el presidente Trump llamara “enemigo” a la UE es, por supuesto, una afirmación sin precedentes y llena de ignorancia, esos sentimientos negativos hacia Europa se han estado gestando durante años entre los conservadores y ya han aflorado en alguna ocasión, en especial durante las tensiones transatlánticas a propósito de la guerra de Irak. (leer articulo aquí)
Read the English version here.
Ayer en La Noche en 24horas hablábamos en la mesa de corresponsales de la campaña #26M y la retirada de la fragata española del grupo de combate EEUU. / On La Noche en 24horas last night we talked about the Spanish local, regional and European Parliament campaigns as well as yesterday's decision to withdraw a Spanish frigate from US led combat group in the gulf.
Hablé con La Sexta sobre las elecciones digitales. Puedes ver la entrevista aquí.
El martes 23, participé en la mesa de corresponsales (empieza sobre 1:30:00) en La Noche en 24horas, hablando de las elecciones generales, los debates y las campañas.
Cuando estudié ciencias políticas en UCLA a finales de los 80, hubo una pregunta que desató un acalorado debate en torno al crecimiento del voto latino: ¿Por qué partido se decantaría? Por supuesto, la pregunta constituía en sí misma un gran error, pues los latinos son un grupo amplio y diverso. Pero aún así discutimos sobre qué partido estaba mejor posicionado para atraerlos, en general, y muchos de nuestros profesores se inclinaron por los republicanos porque, según su argumento, los latinos eran en su mayoría católicos y por lo tanto socialmente conservadores.
Como en un flash, 30 años después estamos ante Trump, un presidente obsesionado con construir un muro para impedir el paso a, entre otros, los "violadores" que según dice están enviando los mexicanos a través de la frontera. Y desafía el sentido común imaginar que los latinoamericanos quieran tener algo que ver con este Partido Republicano, y mucho menos votarle. Sin embargo, está claro que no todos los latinos rechazan a Trump y, de hecho, muchos -quizás incluso en suficiente número como para darle una victoria en 2020- le apoyan. (leer articulo en El Español)
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